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Comentando libros

Los puentes de Madison County

Creo que es el mejor libro de novela romántica auténtica escrito en el siglo XX, y no superado en el XXI, al menos todavía, es sensible, delicado y habla del amor de una manera que no hiere la sensibilidad de nadie, no es cursi y el final es el adecuado como era de esperar en toda novela de su género.

Lo que me extrañó muchísimo es que Clint Eastwood, la eligiera para realizar una película, parecía no cuadrarle habituados como estábamos a sus films de violencia y tiros, pero, contra toda suposición, acertó una vez más haciendo una adaptación magistral de la novela al conseguir lo que pocos logran, una reproducción perfecta.

¿Mi opinión?, una maravillosa novela que debe leerse y recomendar.

 

 Enlace relacionado: Club de lectura del grupo Café Literario.

El principito

Siempre me he preguntado con asombro cómo un hombre de acción y autor de numerosos libros completamente alejados de los cuentos infantiles, pudo escribir uno como El Principito, la antítesis de toda su obra, y la génesis del libro también es asombrosa.

Fue un encargo.

Aunque aún faltaba tiempo, se acercaba la Navidad, y se le pidió que escribiera un cuento para publicarlo en esas fechas, ¿a quién pudo ocurrírsele semejante idea?

Lo sorprendente es que él aceptara y más sorprendente todavía el que lo escribiera tal como lo hizo, un cuento fuera de serie, único, que se aleja de todo sendero trillado: protagonistas, un piloto perdido en el desierto y un niñito que llega de un cuerpo celeste desconocido, y tan pequeño, que parece de juguete.

Creo que en estos dos personajes su autor se desdobló, un niño grande, al revelar en un organismo adulto la mente de un niñito llena de inocencia y poesía.

Tal vez Antoine de Saint-Exupéry, en el fondo no era más que eso, un niño grande, que, a diferencia de Peter Pan, sí creció.


Enlace relacionado: Club de lectura del grupo Café Literario.

Los pobres siempre andamos mirando al suelo

Lo que primero me atrajo de este libro fue el título, lo encontré original y prometedor, y cuando empecé a leerlo quedé definitivamente conquistada. Mo de La Fuente, ha escrito una gran novela, una magnífica novela que si hace 20 años hubiéramos encuadrado en la ciencia-ficción, ahora ya no, es demasiado actual en su reflejo de la incertidumbre y la angustia que el día a día nos trae a través de los titulares de prensa.

Los personajes son entrañables y acabas considerándolos tus amigos, sufres con ellos y te enterneces. Despiertan tu instinto protector.

La novela está escrita con buen pulso y el interés no decae ni un instante en cuanto la empiezas a leer, realizándose el milagro de que el suspense te atrapa y devoras más que lees el libro. Repito, una gran obra valiente, nueva y fascinante. Todo un descubrimiento.

Una novela escrita sin ñoñas sensiblerías incluso en sus escenas más dramáticas, que, efectivamente, te hacen llorar aunque estén descritas con gran sencillez, lo que demuestra una vez más la profesionalidad de su autora.

En suma, debe leerse porque pocas veces se encuentra una novela tan bien escrita y tan buena.


Enlaces relacionados:
Mo de la Fuente Los pobres siempre andamos mirando al suelo

La dama de blanco

He concluido la lectura de La dama de blanco de Wilkie Collins y quiero comentarla con vosotros.

Para empezar diré que a mí me gusta la literatura del siglo XIX, sea victoriana, gótica o no, o sea que no soy muy imparcial en este caso aunque procure serlo, nobleza obliga.

Hace unos años había leído de este autor La piedra lunar, que me fascinó, y Las hojas caídas, pero tenía muchas ganas de conocer La dama de blanco y gracias a Amazon Kindle lo he conseguido.

De este autor decía Borges: “Wilkie Collins es el maestro de la trama, la zozobra y los desenlaces imprevisibles”, y es cierto, pero hay que leerlo situándonos en su época, porque, actualmente, resabiados como estamos con las películas y los telefilms, podría más de uno permitirse el lujo de tratarle con indulgente condescendencia a él, el maestro, precursor de un género, como por ejemplo lo fuera entre los primeros, Poe, cuyos pinitos policíacos sentaron escuela.

El comienzo de La dama de blanco puede antojárseles a algunos un poco premioso e incluso previsible en su desarrollo, pero esa sensación se desvanece pronto en cuanto la acción sufre un giro inesperado que te desbarata todos los esquemas, y así continúa con capítulos (mejor dicho confesiones de todos los personajes que intervienen en la obra), de intriga creciente y muy bien llevada.

El texto se va desarrollando poco a poco, paso a paso, y con tranquilidad, pero eso no priva de que haya escenas de una gran acción tan trepidante como pueda encontrarse en las novelas de cualquier autor actual de bestsellers.

A destacar el papel de la mujer siempre muy dentro de su época, o sea secundario y como víctima y a la espera del caballero que la salve; en el siglo XIX no se podía concebir de otra manera.

En cuanto a los “malos” son “malos” integrales, sin fisuras. No puedes tenerles simpatía. Uno de ellos es de antología, sumamente pintoresco e incluso extravagante, cómico, según se vea.

Algo que tengo que destacar y que me encanta, es una costumbre que suele darse en los autores ingleses: sus personajes no son planos, cada uno es diferente al tener su propia psicología, evidente en su forma de expresarse.

Y para concluir otro detalle, el acabado perfecto, que no deja cabo sin atar, el resumen final de lo que les aconteció a todos y cada uno de los personajes una vez concluida la historia. Costumbre esta que era casi norma en el XIX, herencia del anterior. Hoy en día los finales son diferentes, bruscos en algunos casos y siempre impactantes, me estoy refiriendo a las novelas policíacas o de intriga.

En resumen, una excelente novela que si best seller fue en su época, hoy lo continúa siendo, bajo la denominación de clásico. Lo maravilloso es que casi a 200 años de su publicación, el autor de La dama de blanco siga teniendo un público que le lee con avidez, cosa que tal vez no pueda decirse, en un futuro, de muchos escritores actuales.


Enlace relacionado:
https://www.goodreads.com/book/show/18176753-la-dama-de-blanco 

Martes con mi viejo profesor

No hace mucho terminé de leer “Martes con mi viejo profesor” de Micht Albom. Un pequeño libro de pocas páginas para lo mal acostumbrados que estamos a engullir mamotretos que se acerquen, o sobrepasen las mil hojas, volúmenes, por otra parte, llenos de suspense, o violencia o lo que ahora se ha dado en llamar novela romántica en cuestionable definición, es decir, la antítesis de “Martes con mi viejo profesor” que es un libro muy sencillo, sin pretensiones, y escrito con un pulso de sensibilidad exquisita que puede resultar manjar indigesto para muchos estómagos.

El viejo profesor se está muriendo víctima de esa terrible enfermedad llamada ELA y que consiste en la paralización progresiva del organismo hasta su muerte por asfixia.

El alumno, un brillante periodista, se entera casualmente de la agonía de su antiguo profesor al que no había vuelto a ver desde que se graduó, y arrastrado por los recuerdos y el afecto que le tenía, contacta con él y va a verle, y el libro nos describe todas esas visitas hasta el final, siempre en martes y en las cuales intercambian recuerdos y nostalgias… también muy sencillas y nada fuera de serie, la vida normal de dos personas normales, y esa descripción de un pasado o de un presente, constituye el hechizo de este singular libro y de ahí resulta comprensible el éxito que tuvo, y continúa teniendo. Los aforismos del viejo profesor, las leyes morales que han regido su vida, su entereza soportando una enfermedad tan terrible, sus consejos, el antiguo alumno que vuelve a serlo al escucharle, las entrañables evocaciones compartidas.

En suma, un libro maravilloso por lo inusual, carente de sentimentalismos baratos ni cursilerías, tierno, realista y muy hermoso, también aleccionador y en cierto modo original porque su argumento es la descripción de una agonía, canto a la esperanza para el lector ya que le enseña como el afecto, la amistad y la bondad aún existen entre las personas de buena voluntad, y es una lección, la última lección del viejo profesor, no sólo para un antiguo alumno sino para todos cuantos lean esta pequeña gran obra en el transcurso de los años venideros.