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Adriel B. – La novela de una alcohólica

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Vamos de estreno, mi novela ADRIEL B. -La novela de una alcohólica- ya está en Amazon.

Os aseguro que os va a sorprender y mucho.

Adriel B., es una novela muy dura en la que se habla sin concesiones del mundo del alcoholismo y también del de la literatura, ya que su protagonista, Adriel B., es una novelista alcohólica que tiene que luchar en dos frentes a la vez: contra su enfermedad, ya que el alcoholismo es eso, y, además, contra las dificultades del mundillo editorial, lo cual nos permitirá conocer íntimamente esos recovecos del universo de las publicaciones literarias.

Adriel B., su desesperada lucha por sobrevivir como escritora, sus amores apasionados, su trágica promiscuidad, su continua huida del mundo real a través del alcohol, eso es lo que vas a leer en esta novela que disecciona sin concesiones las intimidades de un problema en cuya magnitud nadie parece reparar porque todos somos bebedores sociales aunque no todos seamos alcohólicos.

El origen de Adriel B. (comienzos de febrero de 1994 como idea y realización a partir de octubre de 1998), se inspira en el comentario que en cierta ocasión le hiciese Ernest Hemingway a un íntimo amigo suyo, al hablarle de sus principios como escritor. En ese comentario, Hemingway, confesó que llegaba a derramar lágrimas de amargura, cada vez que los editores le rechazaban sus manuscritos devolviéndoselos con una fría nota.

Esta confesión, unida a la reconocida dependencia alcohólica del novelista norteamericano, hizo que se me ocurriese unir ambos aspectos, el escritor desconocido a quien nadie considera y la personalidad alcohólica, creando un personaje, en la presente circunstancia femenino, en el cual se dieran cita los dos extremos.

Letra y color

No os asustéis, no se trata de letras bancarias sino de letras de molde, de esas que sirven para escribir. Me explico.

Ya hace tiempo que leí en diversas páginas FB, las quejas de much@s usuari@s acerca del tamaño de las letras impresas, a las que luego vinieron a agregarse las de la tinta en negro y en color. Esas quejas son muy elementales y ahora, con el paso del tiempo han aumentado.

Procederemos por orden:

Primero fue el tamaño de la letra que se iba empequeñeciendo con el transcurso de los años, quizá por cuestión de espacio para poner mas páginas, luego vino el color de la tinta, cada vez más débil hasta convertirse en un gris aguado… Bien, sumemos letra pequeña y color desvaído, lo que significa, en opinión de muchos lectores, entre los que me incluyo, un tormento para la vista por excelente que esta sea, y no me estoy refiriendo como problema a la edad ya que hasta l@s niñ@s pueden llevar gafas, me estoy refiriendo a que una buena higiene visual comienza por no forzar los ojos prematuramente, y peor resulta si las personas ya tienen problemas.

Una letra impresa clara y legible es una bendición para el lector habitual, pero se ve que hasta eso se está convirtiendo en un lujo, incluso el color del papel no ayuda debido a su baja calidad, ahora hablo concretamente de los libros, y un papel de mala calidad, o barato, empobrece el color de la letra aún más.

Así las cosas, la lectura puede convertirse en una tarea incómoda y descorazonadora sólo apta para personas con buena vista que gradualmente irá yendo a menos.

Los cuentos infantiles suelen tener una letra grande y se entiende porque los textos tienden a ser cortos y abundan los dibujos, pero el hecho de que la letra grande pase a ser diminuta, si el lector es adulto, no es justificable, y ya sería hora de que se tuviera en cuenta ese aspecto de la cuestión.

Incluso las revistas se suman a este desconcierto al superponer letras en blanco sobre fondos de texto en tonos súper pálidos.

¿Causa tanto esfuerzo simplificar las cosas?

Sobre encuestas y escritor@s

He terminado de leer hace poco La palabra se hizo carne de Donna Leon, una escritora nacida en Norteamérica pero hija de padres españoles, y que escribe sus novelas policíacas en Venecia para una editorial alemana.

donnaleonDescubrí a Donna Leon hace unos años y quedé fascinada con la personalidad de su comisario Guido Brunetti, de todos los investigadores que llevo leídos, el más entrañable. Bien, pues a Donna Leon la denominan la mejor autora de novela negra europea, y eso lo dice The Chicago Tribune. Al margen de nacionalidades, Donna Leon es una excelente escritora que sabe conjugar el suspense con la vida cotidiana de su personaje, un bonachón padre de familia con hijos en la edad difícil y una esposa profesora de literatura que, además, tiene tiempo para cocinar.

Las novelas de Donna Leon se caracterizan por su denuncia social en este corrupto mundo nuestro, en el cual Venecia parece ser un microcosmos. La novelista es una mujer valiente a la hora de convertir sus denuncias en literatura y te llega a lo más hondo con los casos que relata, nada exótico ni misterioso ya que desgraciadamente la prensa se encarga a diario de ilustrarnos con sucesos similares y muy reales, pero no es la única; en los últimos años del siglo pasado ya empezó a insinuarse el nuevo derrotero de la novelística policíaca. Los asesinos dejaron de ser personas corrientes y sus móviles la venganza, los celos, estando situada la codicia, causa eterna, en un segundo o tercer lugar. Tomaron el testigo los psicópatas en todas sus variantes, y ahora son los casos de corrupción los que animan el escenario, a juzgar por el éxito de Mankell, Stieg Larssson… y Donna Leon, claro.

Recientemente he tenido ocasión de leer una bien documentada encuesta de Marta Querol, en la que se trataba el tema, ya antiguo, sobre si las escritoras, lógicamente mujeres, son novelistas inferiores a sus colegas hombres, a la hora de escribir obras policíacas.

Si repasamos la historia del crimen literario encontramos que una mayoría. muy apreciable, y de categoría internacional, es femenina, empezando por Ágatha Christie (a la que, por cierto no cesan de minimizar muchos qué más quisieran parecérsele), y llegando hasta Donna Leon que comparte fama con toda esa corte de excelentes autoras nórdicas repartidas entre Suecia, Noruega y Dinamarca, reinas del crimen con todos sus merecimientos.

Contra el machista prejuicio de que la mujer, ser inferior por naturaleza, no sabe escribir thrillers y sí sólo ñoñerías románticas, os cito solamente a Ása Larsson que no regatea hemoglobina a la hora de escribir. Que los escritores olviden a estas autoras cuando elaboran sus rankings, no me extraña en absoluto, la competencia nunca interesa. Una competencia que en el pasado obligó a muchas escritoras a usar nombres masculinos para pasar desapercibidas, otro ejemplo, George Eliot seudónimo de la novelista inglesa Mary Ann Evans.

(Yo publiqué una novela, La otra vida de T. Loure, cuyo argumento se basa en esa discriminación: época los años 50 del pasado siglo en España. Teresa Loure es una escritora a quien gustándole escribir novelas del Oeste, tiene que adoptar un seudónimo masculino y fingir que su autor es un hermano inexistente porque no está bien visto que una mujer desarrolle esa clase de argumentos, netamente masculinos).

Las mujeres podemos ser, novelísticamente hablando, mucho más violentas y salvajes que los hombres a la hora de escribir, dos ejemplos, los Cuentos Góticos de Elizabeth Gaskell, y Cumbres Borrascosas de Emily Brönte de la que comentó The Examiner en su momento:

“(…) salvaje inconexa e improbable… los personajes que componen la obra, bastante trágica en sus consecuencias, son primitivos, más brutos que los que vivían antes de los tiempos de Homero”.

Y no nos olvidemos de Mary Shelley, cuya fama ha superado a la de un marido poeta, Percival Shelley, con su nada acaramelado Frankentein.

Los hombres y las mujeres somos iguales pese a quien pese, la diferencia consiste en que el hombre es más fuerte físicamente, y fisiológicamente distinto, eso es innegable, pero por lo demás, tenemos las mismas necesidades, las mismas virtudes y los mismos defectos, no en balde los hemos heredado de nuestros padres y de nuestras madres.

Y ahora quiero hacer una puntualización que supongo gustará a muy pocos: la mejor novela romántica de los últimos años, una obra llena de sensibilidad, delicadeza y buen gusto, fue escrita por un hombre Los puentes de Madison County, autor Robert James Waller. No pretendo decir con esto que Waller sea superior a las mujeres escritoras, solamente resaltar que si un hombre puede escribir este tipo de novelas, una mujer puede hacer lo mismo incursionando en el terreno literario masculino.

Y por lo que hace a la encuesta que realizó Marta Querol, no pongo en duda su veracidad, pero desde que estoy en Internet he leído muchas y los resultados invariablemente oscilan; en unas se decía que las mujeres leían más que los hombres y viceversa en otras. Siempre son muy relativas y desde luego la discusión es interminable, puede serlo, porque nadie se pone nunca de acuerdo, ya que el ego masculino no admite rivales.

Enlaces relacionados: 

La palabra se hizo carne 

Marta Querol 

La otra vida de T. Loure