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El “malo” en la literatura

El personaje del “malo” en la literatura, pese a su repulsiva presencia, es uno a quien los novelistas debemos estar más agradecidos, porque sin “malo” el “bueno”, y sus bondadosas andanzas, aburrirían infinitamente al lector. El “malo” es necesario para que al “bueno” le sucedan infinidad de problemas que den color a su vida y entretenimiento al público. Los “malos” son odiados, execrados, vituperados, pero la verdad es que no podemos prescindir de ellos, autores y lectores, ya que son la sal de la vida, de la pura ficción; sin Drácula, Jonathan Harker hubiera pernoctado en un castillo poco acogedor yéndose a la mañana siguiente tan tranquilo. Sin el hombre que la violó repetidas veces y sin sus sádicos padre y hermano, el personaje de Lisbeth Salander no habría tenido el más mínimo carisma y desde luego no hubiera entrado en la historia de la literatura como un icono de culto, en parte también porque la niña es un rato bestia a tono con su familia y abusadores, vaya, que frecuenta la misma onda, o, para ser más suaves: obra en defensa propia. Pero Lisbeth no es “mala”, es sólo una víctima que se defiende recreando otro tipo de personaje, el de víctima justiciera que, a los efectos literarios, tiene la misma garra que cualquier “malo”; con ella no te aburres, de ahí su éxito multitudinario.

Cambiando de tercio y centrándonos sólo en la maldad pura y dura, otro ejemplo lo tenemos con la famosa Milady de Los tres mosqueteros. Falsa, perversa y asesina despiadada, recibirá su justo castigo al final y todos nos alegraremos aunque en el fondo de nuestros corazones debamos estarle reconocidos porque sin ella la novela no sería lo que es.

¿Y qué decir de la ambigua y vengativa ama de llaves de Rebeca, de Daphne du Maurier?; de faltar la señora Damvers esta novela no se habría escrito jamás.

¿Y el capitán Achab con su obsesión por Moby Dick?… Porque para mí la ballena no es más que un pobre animal acosado.

Heatcliff, de Cumbres borrascosas, es un “malo” a la antigua usanza, “malo” integral sin fisuras de ninguna clase, su amor es odio y no conoce la piedad, mas si lo quitamos de la novela, ¿qué nos quedaría?, ¿una cosa blanda, amorfa y pedante al estilo de las de Jane Austen, la única razón de ser de cuya obra es únicamente cazar marido?

Personalmente, como autora, tengo un personaje sin duda aborrecible que sale en mi novela Adriel B. (subtitulada La novela de una alcohólica), y que se ha ganado por propios merecimientos adrielbel odio de los lectores, nadie lo soporta y el que se salga con la suya menos, porque hace el mal y no recibe ningún castigo; al contrario, es oportunista, sinvergüenza, manipulador, mentiroso, ególatra y amoral, aparte de cínico y egoísta, y lo mejor del caso es que está creído de que obra perfectamente y no experimenta remordimiento alguno.

Por pura lógica literaria, el individuo en cuestión, siendo el personaje que le amarga la vida a la protagonista, es el que dota a la obra del suspense necesario para enganchar al público, ya que incentivando los tormentos alcohólicos de Adriel B., consigue que el ritmo de la obra no decaiga ni un instante.

A mí ese personaje indeseable me cae muy bien y lo considero por mi parte todo un logro, no es que sea mi primer “malo”, pero sí un “malo” al que le tengo mucho cariño por lo perfecto que me ha salido.

Aquí sucede algo muy curioso: lo que siente el autor de su pequeño monstruo de Frankenstein una vez dado a luz; los escritores contemplamos a nuestras criaturas pavorosas como si fueran objetos de laboratorio, y si exceptuamos a Mary Shelley que lo convirtió en su alter ego literario (su recóndita confesión expiatoria de criatura prefabricada por un padre inhumano), el “malo” en la literatura equivale a todo un master creador porque es difícil de retratar con justeza, un poco menos lo convierte en un ser desdibujado y contradictorio, un poco más en un ser truculentamente risible, y el “malo” no ha de ser ni lo uno ni lo otro, conseguirlo es toda una obra de paciencia y pulso que cuanto más perfecta más nos satisface, por ejemplo, el Dorian Gray de Wilde es un “malo” (ahora han vuelto a rehacer la película) exquisito (no podía ser menos tratándose de su autor), elegante, refinado, que en pleno siglo XIX encuentra, en una exclamación, su particular diablo al que vender el alma de una manera disimulada, convirtiendo así el “malo” en hipócrita, otra pincelada que agregar al retrato, y esto sí que es un juego de palabras.

Al novelista, lo mismo que a Pigmalión, lo único que le importa es que su obra sea lo que él soñó y nada más. La fealdad de Quasimodo para Victor Hugo era belleza y la maldad de Frollo el contrapunto necesario, bien medido y oportuno.

En cierta ocasión leí en un foro los lamentos de cierta jovencita, escritora bisoña, que se quejaba de los “malos” literarios y no comprendía por qué tenían que existir. Le era impensable imaginar que sin Hyde, Jeckill nunca hubiera tenido razón de ser.

Nena, ¿no te contaron en la infancia que a Caperucita Roja se la comió el Lobo Feroz?

© 2010 Estrella Cardona Gamio

 

Publicado en Atalaya de Ciudad Letralia.
Enlace relacionado: Adriel B. – La novela de una alcohólica

Donde se esconde la imaginación

También lo podríamos denominar el almacén de las ideas, el lugar de donde surgen cuando un escritor comienza su novela, relato o cuento infantil.

Existen ideas peregrinas respecto a la creación literaria, hay gente que piensa que el escritor es una especie de médium que cae en trance apenas comienza su obra de turno, vaya, que desde el Más Allá le están dictando lo que ha de narrar, y eso no es cierto ya que equivaldría a que ningún autor lo es de su obra condicionándole al papel de robot frente a la máquina de escribir, hoy en día ordenador, antaño pluma de ave.

Escribimos nosotros porque nosotros lo pensamos, nosotros y nadie más. Las ideas no surgen por arte de magia sino de nuestro cerebro, de ese maravilloso almacén de recuerdos propios o aprendidos, de enseñanzas recibidas, de experiencias y de vivencias buenas y malas, y como no pensamos lentamente nuestras ideas surgen veloces, tanto, que a veces hasta nos parece increíble que se nos puedan haber ocurrido. Es así y no hay más.

Yo podría daros muchos ejemplos personales como escritora, pero voy a comentar uno, muestra para hacer más comprensible el mecanismo de la inspiración.

EL PERRO DE PORCELANA es el elegido al ser el más reciente que he publicado.

Sin ser copia de ninguna lectura concreta, sí reconozco que se halla inspirado en aquellas maravillosas historias fantásticas que se leen siempre en ciertas etapas juveniles de la vida, cuanto más fantásticas más emocionantes. A ello hay que ir añadielperrodeporcelanaendo el elemento de lo maravilloso espigado en la mitología irlandesa por un lado y por el otro en el clásico, y siempre muy atractivo, mundo de la piratería.

Ahora bien, ¿cómo se me ocurrió la novela, cuál fue su germen?, pues algo tan sencillo cual descubrir, en un manual de razas de perros, la foto, magnifica fotografía, de un perro de porcelana, así denominado por la blancura de su pelaje, que salpicaban discretamente unas pocas manchas cobrizas. La imagen y el nombre se me quedarían grabadas y no hacía más que preguntarme qué es lo que yo podía hacer con semejante personaje de nombre tan fascinante. Y así, poco a poco, fue surgiendo la novela en mi cerebro, con influencias muy marcadas en el estilo y el lenguaje, eso sí, de la literatura del siglo XIX, tal fue el nacimiento de EL PERRO DE PORCELANA.

Debo confesar que me lo pasé muy bien desarrollando el argumento y que darle el toque de los viajes en el tiempo fue todo un acierto por mi parte, máxime cuando un tema tan clásico no se presta a manipulaciones futuristas, ¿qué rincón de mi mente escondía esta sorpresa?


Enlace relacionado: El perro de porcelana  

Tres novelas que escribí simultáneamente

Era la primera vez que lo hacía y el resultado fue sorprendente.

El 2 de enero de 1997 empecé a escribir CARTA A CHARO y en el mes de febrero del mismo año di comienzo a EL PERRO DE PORCELANA, rematando la faena a finales de marzo del 97, con LA CANCIÓN DE LA MANZANA.

Como las escribía al mismo tiempo no me di cuenta de un detalle en el que caí cuando ya estaba muy avanzada, o sea, que había conseguido sin proponérmelo, que cada una de ellas no se pareciese en nada a la otra, cosa que podía haber sucedido simplemente en el lenguaje, pero no fue así por suerte y las tres hermanas vinieron al mundo mellizas pero no gemelas, tierna y nostálgica CARTA A CHARO, de ficción fantástica EL PERRO DE PORCELANA y sumamente cómica y divertida LA CANCIÓN DE LA MANZANA.

Hoy me siento muy orgullosa de haberlas escrito, y, también, ¿por qué no decirlo?, maravillada de haberlo podido conseguir sin darme cuenta.

Como anécdota diré que CARTA A CHARO, siendo la primera, fue la última en ser terminada, porque cada carta tiene una fecha, y la fecha coincide con el día en que fue escrita.


Enlaces relacionados:
Carta a Charo  El perro de porcelana  La canción de la manzana

Reseña por el escritor Luis Ernesto Romera

Adriel B.

Mi atracción por la escritura, vino por la búsqueda del libro que siempre me habría gustado leer. Bien es verdad que ese es un sueño utópico, tanto lo de encontrar ese libro ideal, como lo de convertirse uno en escritor profesional.

Pero mientras tanto, me conformo con aprender de las buenas lecturas como la del libro del que ahora quiero hablar y de los buenos escritores y escritoras, como la autora de esta obra.

romerablogadrielb-300x216El libro en cuestión es: Adriel B. de la veterana escritora, editora y bloguera Estrella Cardona Gamio, de la cual tengo una especial predilección, pues he leído al menos cinco de sus libros y siempre han estado entre mis favoritos.

El título dice poco, un nombre y ni siquiera el apellido completo, tan solo la inicial. En realidad el esconder ese apellido que tanto nos identifica, es la esencia de la trama. Una joven y talentosa escritora que sufre las injusticias de un mundo editorial corrupto, donde se ve obligada a ser el “negro” de famosos escritores que cuando pasan por crisis de ideas, las editoriales se encargan de ofrecerles los borradores de aquellos trabajadores anónimos como Adriel. Se va descubriendo el entramado y las argucias de los grandes del libro, que recurren a trampas, amaños en concursos literarios y plagios descarados con tal de mantener a sus best sellers en boga.

Pero la novela no va solo en esa linea de denuncia, sino que guarda otra tragedia escondida en la vida de la protagonista. Poco a poco, sin darse cuenta, o quizá sin querer hacerlo, se va introduciendo en el mundo del alcoholismo, y en esa espiral mortal, que la va arrastrando a situaciones convulsas, rebajándola a una vida donde la promiscuidad, la vida licenciosa, la llevan al borde de su final.

En medio de eso, conoce a un hombre que se cruzará en su vida y luchará hasta el agotamiento por sacarla de allí. ¿Lo logrará?

Vale la pena descubrirlo, es una historia muy dura, pero a la vez con grandes dosis de realismo, que nos hace pensar en la fina división que existe entre el bebedor social y el empedernido enfermo alcohólico. Nos logra introducir en la mente de la protagonista, en sus contradicciones, sentimientos y luchas.

De paso, los que nos consideramos escritores, podemos aprender y entender muchas de las razones por las que el sueño de convertirse en un gran escritor, a veces se puede convertir en una pesadilla, sino sabemos administrar bien los fracasos que esta dura vida nos depara.

© 2015 Luis Ernesto Romera

 

Publicado en Te sugiero este libro 

Los pobres siempre andamos mirando al suelo

Lo que primero me atrajo de este libro fue el título, lo encontré original y prometedor, y cuando empecé a leerlo quedé definitivamente conquistada. Mo de La Fuente, ha escrito una gran novela, una magnífica novela que si hace 20 años hubiéramos encuadrado en la ciencia-ficción, ahora ya no, es demasiado actual en su reflejo de la incertidumbre y la angustia que el día a día nos trae a través de los titulares de prensa.

Los personajes son entrañables y acabas considerándolos tus amigos, sufres con ellos y te enterneces. Despiertan tu instinto protector.

La novela está escrita con buen pulso y el interés no decae ni un instante en cuanto la empiezas a leer, realizándose el milagro de que el suspense te atrapa y devoras más que lees el libro. Repito, una gran obra valiente, nueva y fascinante. Todo un descubrimiento.

Una novela escrita sin ñoñas sensiblerías incluso en sus escenas más dramáticas, que, efectivamente, te hacen llorar aunque estén descritas con gran sencillez, lo que demuestra una vez más la profesionalidad de su autora.

En suma, debe leerse porque pocas veces se encuentra una novela tan bien escrita y tan buena.


Enlaces relacionados:
Mo de la Fuente Los pobres siempre andamos mirando al suelo

La dama de blanco

He concluido la lectura de La dama de blanco de Wilkie Collins y quiero comentarla con vosotros.

Para empezar diré que a mí me gusta la literatura del siglo XIX, sea victoriana, gótica o no, o sea que no soy muy imparcial en este caso aunque procure serlo, nobleza obliga.

Hace unos años había leído de este autor La piedra lunar, que me fascinó, y Las hojas caídas, pero tenía muchas ganas de conocer La dama de blanco y gracias a Amazon Kindle lo he conseguido.

De este autor decía Borges: “Wilkie Collins es el maestro de la trama, la zozobra y los desenlaces imprevisibles”, y es cierto, pero hay que leerlo situándonos en su época, porque, actualmente, resabiados como estamos con las películas y los telefilms, podría más de uno permitirse el lujo de tratarle con indulgente condescendencia a él, el maestro, precursor de un género, como por ejemplo lo fuera entre los primeros, Poe, cuyos pinitos policíacos sentaron escuela.

El comienzo de La dama de blanco puede antojárseles a algunos un poco premioso e incluso previsible en su desarrollo, pero esa sensación se desvanece pronto en cuanto la acción sufre un giro inesperado que te desbarata todos los esquemas, y así continúa con capítulos (mejor dicho confesiones de todos los personajes que intervienen en la obra), de intriga creciente y muy bien llevada.

El texto se va desarrollando poco a poco, paso a paso, y con tranquilidad, pero eso no priva de que haya escenas de una gran acción tan trepidante como pueda encontrarse en las novelas de cualquier autor actual de bestsellers.

A destacar el papel de la mujer siempre muy dentro de su época, o sea secundario y como víctima y a la espera del caballero que la salve; en el siglo XIX no se podía concebir de otra manera.

En cuanto a los “malos” son “malos” integrales, sin fisuras. No puedes tenerles simpatía. Uno de ellos es de antología, sumamente pintoresco e incluso extravagante, cómico, según se vea.

Algo que tengo que destacar y que me encanta, es una costumbre que suele darse en los autores ingleses: sus personajes no son planos, cada uno es diferente al tener su propia psicología, evidente en su forma de expresarse.

Y para concluir otro detalle, el acabado perfecto, que no deja cabo sin atar, el resumen final de lo que les aconteció a todos y cada uno de los personajes una vez concluida la historia. Costumbre esta que era casi norma en el XIX, herencia del anterior. Hoy en día los finales son diferentes, bruscos en algunos casos y siempre impactantes, me estoy refiriendo a las novelas policíacas o de intriga.

En resumen, una excelente novela que si best seller fue en su época, hoy lo continúa siendo, bajo la denominación de clásico. Lo maravilloso es que casi a 200 años de su publicación, el autor de La dama de blanco siga teniendo un público que le lee con avidez, cosa que tal vez no pueda decirse, en un futuro, de muchos escritores actuales.


Enlace relacionado:
https://www.goodreads.com/book/show/18176753-la-dama-de-blanco 

Será una vez…

Acabo de dejar a mis hijos en el Salón Comunal de los Juegos. Junto con los demás padres y niños hemos bajado en las plataformas-ascensor, para depositar a la chiquillería en las puertas del salón recreativo, donde estarán hasta la hora de la cena.

Las vacaciones son agotadoras, los chicos en el hogar trastocan el orden de las cosas al no saber qué hacer. ¡Son unas criaturas tan aburridas, sin pizca de iniciativa!

Por suerte, en todos los bloques tenemos la planta de los juegos, que siempre es tan útil cuando concluye el tiempo escolar. Así, tranquilos ellos y tranquila yo. Cuando sean mayores no se aburrirán porque nunca falta trabajo en nuestros domicilios.

Desde que, a partir del 2050, impera el Nuevo Orden, no tenemos necesidad de salir de nuestras residencias para nada; el hogar es el núcleo de toda existencia; la tecnología se ocupa de ello: trabajas en casa, la comida la encargas y te la envían por el canal transportador; en cuanto a la vida social, sin salir de los inmuebles, nos visitamos, sólo hay que usar los ascensores. Sí, lo sabemos de sobra, todo resulta perfecto desde que se instauró el Nuevo Orden. La pega son los niños, ¡ojalá pudiéramos, también, manejarlos pulsando un botón..! Porque, por lo demás, inseminación responsable, amor libre… Hemos superado con creces el Mundo Feliz y las palabras “padre” o “madre”, todavía no son blasfemia, y vivimos tan bien lejos de la contaminación ancestral, lejos de ese maldito sol que destruye la vida allá afuera, en el mundo exterior.

Yo no recuerdo haber asomado la nariz más allá de los cristales protectores de las ventanas, que son nuestra única conexión con el exterior, y menos aun haber bajado al nivel de la calle para contemplarla como han hecho algunos curiosos.

La calle…

Para mí, para todos los demás, la calle está a años luz de distancia. Ni me acuerdo que mis padres la pisaran, tal vez los suyos. El mundo de la calle es una cinta fina y estrecha, situada metros y metros allá abajo, en la eterna oscuridad del suelo. Las calles siempre fueron peligrosas; por eso, desde que se proclamó el Nuevo Orden, se condenaron y excluyeron de nuestra sociedad. Y los que a ellas se aferraron, bueno, supongo que ya hace mucho que desaparecieron.

Pero no todo es siempre perfecto, y lo menciono porque a este respecto la televisión, eterna alarmista, viene diciendo desde hace tiempo que el nivel de la calle va subiendo al ritmo de un centímetro al año. ¡Vaya una pequeñez, y, además, sólo es polvo! ¿No se puede solucionar con extractores? La oposición lo ha puesto a debate en el Parlamento Nacional y pretenden que otros países se interesen por el problema (hablan de progresión geométrica). Pero, ¿qué problema, vamos a ver?, si solucionarlo es rápido y sencillo: basta con los extractores, sólo que el partido que ahora nos gobierna opina que poner extractores significaría un gasto enorme, y que, francamente, no es un artículo de primera necesidad, ya que es mucho más importante ampliar la red de túneles del subsuelo para terminar de alargar las ciudades subterráneas, ciudades reflejo, que las llaman por ser la extensión de las que se yerguen sobre la tierra.

Bueno, hay que reconocer que las Ciudades Reflejo serán una maravilla, no habrá que protegerse de los nocivos rayos solares, siempre ventanas con cristales oscuros, ni respirar un aire malsano en cuanto sobrevienen averías en el purificador, habrá pisos y más pisos creciendo hacia las profundidades, niveles de espaciosas y seguras avenidas y numerosos centros de distracción. Resulta obvio que el proyecto es muy costoso y por el momento todo está construyéndose y el ciudadano tiene que tomárselo con paciencia, sobre todo cuando no es económicamente fuerte y reside en las alturas con opción restringida de visitas al subsuelo: espectáculos, vacaciones de verano o de invierno… Producir una red de ciudades subterráneas no es tarea de un gobierno, ni tan siquiera de una generación, no en vano esta obra se ha comparado con la Gran Muralla China o las Pirámides de Egipto. Tal vez nuestros hijos o los suyos las puedan ver terminadas en un mundo más perfecto y mejor.

Estoy agotada, son las cinco de la tarde y ya he concluido la jornada laboral en mi estudio con el Jetinstantnet, descendiente aventajado de los antiguos ordenadores; ahora a por los niños, la cena y luego a entretener a esas criaturas con algo que les pueda interesar.

Es el problema de todos los padres, no sabemos qué hacer para que se diviertan; los críos ya se han hartado incluso de las distracciones virtuales de moda… Y les ha entrado una manía insólita, e ignoro hasta qué punto peligrosa, porque quieren leer libros. ¡Habráse visto..! ¡Libros..! Como en la época de nuestros tatarabuelos, cuando que una imagen vale más que mil palabras escritas.

El otro día, mi hijo pequeño, tengo dos, apareció con un viejísimo libro de autor desconocido, yo no sé de dónde lo sacaron, que se titulaba Cuento para los niños del siglo XXI. Se trata de un cuento cursi y desprovisto de interés y no alcanzo a comprender qué es lo que les gusta tanto de esa historia absurda y en cierto modo subversiva, de ahí que el autor ni lo firme, pero a mis hijos les encanta y se lo leen una y mil veces y, lo que es peor, me lo hacen leer a mí en voz alta mientras miran los dibujos, que, eso sí, está lleno de ellos, por cierto toscos y feísimos… ¡Dichoso cuento, si ya me lo sé de memoria! Es de esas tonterías que se enganchan…

“Será una vez en el futuro… Cuando la Tierra esté llena de edificios. Cuando ya no existan los bosques, porque habrán sido talados o quemados todos. Cuando los niños no sean alegres, pero no sepan que están tristes. Cuando los niños estén descoloridos, gordos y flojos porque el sol no pueda atravesar con sus rayos la turbia atmósfera…

Entonces aparecerá en el cielo, empujado por una extraña corriente de aire, un objeto desconocido, pequeñito, oblongo… ¿Qué podrá ser? Es una semilla, ¿Y qué es una semilla? Una semilla es una cápsula de vida, en ella se puede esconder un bosque, árbol a árbol, un jardín, flor a flor. La vida si hay sol, si hay aire.

Y brilla el sol y sopla el viento por encima de las montañas, sobre la niebla sucia de la atmósfera. Pero a ras de la Tierra está la bruma y la tristeza.

La semilla ha caído en el suelo, sobre las baldosas, y en una grieta se introduce y se queda allí dormida y sueña que es un jardín que lo llena todo de hojas verdes y de flores, y, al despertar, comprueba que el jardín que soñó se ha convertido en realidad.

Y la niebla se va espantada, retrocede. Y a los niños se les colorean las mejillas contemplando las hermosas flores. Y un día vuelven los insectos. Y otro día sale el sol y brilla para siempre. Y los niños corren, saltan y ríen. Y crecen los árboles y en sus copas anidan los pájaros. Y las casas se resquebrajan, porque la naturaleza lo invade todo.

Y los niños son felices porque pueden ver las estrellas y la luna y mojarse bajo la lluvia y nadar en los ríos y en el mar. Y al atardecer se reúnen alrededor de los frondosos árboles y se cuentan los unos a los otros historias de amor y de esperanza porque el sol ha vuelto y ya nunca más faltarán las flores, los campos de trigo, los verdes bosques, y fluirá el agua limpia en el mar y los ríos.

Y nunca existirá la palabra fin”.

¿Flores, árboles, animales..? ¡Porquerías, nidos de microbios!

El clásico Oscar Wilde decía que no le gustaba el campo porque estaba lleno de hormigas, y yo opino que un piso con las baldosas bien fregadas es lo más hermoso del mundo.

 Por Estrella Cardona Gamio
Copyright © de la edición impresa, año 2006

Publicado en mi libro de relatos La dependienta.

Enlace relacionado: Cuando los árboles eran gente

Reseña por la escritora Mo de la Fuente

Tal vez pequé de egoísta, pero cuando se cruza en tu vida, miserable por demás, una persona como el señor Trozidetroci, nada vuelve a ser igual, es como el sol iluminando un paisaje, si la luz se va, ya no existe el paisaje”

La Canción de la Manzana

Acabo de terminar de leer los agradecimientos de esta novela que hoy sugiero. Leer esas últimas páginas es algo que suelo hacer, al igual que cuando en el cine me quedo a ver los títulos de créditos. Es un momento de íntima reflexión y de tregua para ordenar las ideas que te han ido salpicando a lo largo de la lectura o del visionado.

mo_resenya_manzanaA veces, no presto especial atención ni a unos ni a otros: las palabras corren sobre el papel o se deslizan en la pantalla sin provocarme ningún efecto. Sin embargo, en los agradecimientos de la autora, Estrella Cardona Gamio, hubo uno que me produjo una pizca de celos: el dedicado al prologuista al que la escritora nombra, nada más y nada menos, que Hijo Predilecto de Lantornia. Seguro que se lo merece pero cuando uno ha conocido, literariamente hablando, a ese país y a algunos de sus habitantes, no puede por menos que desear ese noble título.

Y tras cerrar el libro (apagar el lector en este caso) primero me entristezco ante la despedida y después me agarro un cierto cabreo. Estoy triste porque, como ya he dicho en otras ocasiones, decirle adiós a ciertos personajes literarios es bastante trágico. En La Canción de la Manzana, te despides de un coro de entrañables seres humanos y, además, de lugares y tiempos ideados a los que, durante los días que te dure la lectura, te escapas a la menor de cambio. El cabreo viene por lo de siempre: ¿qué razón hay para que La Canción de la Manzana no haya estado tapizando las estanterías de todas las librerías de este país? No voy a entrar aquí en debates sobre el estado del mundo editorial; el libro no se merece un rollo filosófico que oscurezca las verdaderas razones por las que está en este blog. Pero, lo dejo caer porque, de verdad, no lo termino de entender.

Y ahora sí, la novela. Estrella Cardona Gamio es una auténtica maestra de la ironía y de la crítica social. A través de unos pintorescos y muy humanos personajes, nos introduce en el mundo de Lantornia (que linda con ninguna parte), y mediante divertidas aventuras ironiza sobre nuestra propia sociedad y sobre el propio ser humano. Tris Dass, el escritor frustrado; Battyana, la vecina ninfómana y Vitolio Trozidetroci, el Carnívoro-Vegetariano, nos invitarán a formar parte de un lugar y un tiempo inventados pero muy reales. Nos enamorarán sus debilidades, sus dudas y su valentía. Nos pedirán que nos quedemos con ellos y no vamos a dudar en hacerlo, ni siquiera cuando hayamos terminado de leer la última palabra. Lantornia formará parte, a partir de entonces, de nuestro mapa del mundo.

No os perdáis esta joya porque seréis mejores tras su lectura y durante la misma, no pararéis de sonreír.

© 2014 Mo de la Fuente


Publicado en Ojalá Paula

BookTrailer de Adriel B.

Book Trailer de mi libro,  Adriel B.  –  La novela de una alcohólica

Martes con mi viejo profesor

No hace mucho terminé de leer “Martes con mi viejo profesor” de Micht Albom. Un pequeño libro de pocas páginas para lo mal acostumbrados que estamos a engullir mamotretos que se acerquen, o sobrepasen las mil hojas, volúmenes, por otra parte, llenos de suspense, o violencia o lo que ahora se ha dado en llamar novela romántica en cuestionable definición, es decir, la antítesis de “Martes con mi viejo profesor” que es un libro muy sencillo, sin pretensiones, y escrito con un pulso de sensibilidad exquisita que puede resultar manjar indigesto para muchos estómagos.

El viejo profesor se está muriendo víctima de esa terrible enfermedad llamada ELA y que consiste en la paralización progresiva del organismo hasta su muerte por asfixia.

El alumno, un brillante periodista, se entera casualmente de la agonía de su antiguo profesor al que no había vuelto a ver desde que se graduó, y arrastrado por los recuerdos y el afecto que le tenía, contacta con él y va a verle, y el libro nos describe todas esas visitas hasta el final, siempre en martes y en las cuales intercambian recuerdos y nostalgias… también muy sencillas y nada fuera de serie, la vida normal de dos personas normales, y esa descripción de un pasado o de un presente, constituye el hechizo de este singular libro y de ahí resulta comprensible el éxito que tuvo, y continúa teniendo. Los aforismos del viejo profesor, las leyes morales que han regido su vida, su entereza soportando una enfermedad tan terrible, sus consejos, el antiguo alumno que vuelve a serlo al escucharle, las entrañables evocaciones compartidas.

En suma, un libro maravilloso por lo inusual, carente de sentimentalismos baratos ni cursilerías, tierno, realista y muy hermoso, también aleccionador y en cierto modo original porque su argumento es la descripción de una agonía, canto a la esperanza para el lector ya que le enseña como el afecto, la amistad y la bondad aún existen entre las personas de buena voluntad, y es una lección, la última lección del viejo profesor, no sólo para un antiguo alumno sino para todos cuantos lean esta pequeña gran obra en el transcurso de los años venideros.