Bosque de Volpelleres. Foto, gentileza de Volpelleres Viu

Hace muchos años vi una película japonesa, cuyo anciano protagonista decía, mientras contemplaba un frondoso bosque, que los árboles “eran gente” y esta denominación me impactó entonces y la consideré muy poética, más, sobre todo cuando se trataba de salvar ese bosque, de impedir que lo talaran.

Un recuerdo antiguo que ha aflorado como nuevo, porque después de tantos años, hoy, contemplando a mi vez el arbolado de un bosque parcialmente condenado a muerte, el bosque de Volpelleres (Sant Cugat del Vallès, Catalunya, España), he pensado yo también que “los árboles son gente”, una gente inmóvil y muda que no habla como nosotros, pero que siente y puede sufrir, en silencio, desde luego, las arbitrariedades humanas.

En la antigüedad, en la cual se convivía mucho más con la Naturaleza que ahora, los ciudadanos de entonces, igual que los pocos pueblos primitivos que aún subsisten, respetaban los bosques, la Naturaleza, aunque convivieran con ella, tal vez supersticiosamente la adorasen, pero ese temor religioso, por paganos que fueran, salvaba su entorno. Así, en la antigua Grecia, cuna de nuestra cultura mediterránea, su manera de salvar los bosques consistió en decir que en los árboles habitaban ninfas que eran al mismo tiempo sus protectoras y guardianas. Éstas ninfas se llamaban Dríadas y Hamadríadas y vivían vinculadas al árbol, muriendo las segundas si el árbol era cortado, y sólo escapando las Dríadas de ese destino, si se casaban con un humano.

Bonita leyenda, ¿verdad?, lástima que sólo sea eso, una leyenda.

Estrella Cardona Gamio, 18 de abril 2017

A continuación, os ofrezco la lectura de dos de mis relatos publicados ya hace años y cuya temática es totalmente ecologista, Será una vez… y El árbol, este último dedicado a mi madre gran amante de las plantas.