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Mi pequeña historia

Ardilla en el bosque de Volpelleres. Foto, gentileza de Volpelleres Viu

Mi amor por la ecología comenzó en la adolescencia cuando mi familia se trasladó a vivir de Barcelona a Sant Cugat, y de eso han transcurrido muchas lunas. Viví hasta los 25 años en el bosque y aprendí a sentirlo como ser vivo que era, pero mi concienciación ecológica vino cuando empezó la amenaza del agujero en la capa de ozono, por cierto tomada con bastante indiferencia por la gente. Por acusar a alguien se acusó a los aerosoles y en casa suspendimos su utilización, ese fue mi bautismo.

Desde entonces siempre he luchado por el medio ambiente al estilo de David contra Goliat, o sea, en inferioridad de condiciones, pero lo he hecho y lo sigo haciendo. He escrito en prensa, concretamente en El Cerdanyola en cuya ciudad tuve un programa de radio propio, dirigido y presentado por mí, que se titulaba El Tercer Planeta y entre cuyas entrevistas pude llevar a un miembro de Greenpeace, cuando entonces eran asequibles. Y siempre que he tenido ocasión he alzado mi voz en defensa de la Naturaleza, con la fauna incluida.

Como soy novelista, en mi sección de cuentos infantiles siempre he procurado dar un mensaje tanto ecologista como animalista, para que los niños tomen conciencia de la Naturaleza y aprendan a amarla, y también amen a los animalitos que no son juguetes ni cosas.

Y en ello continúo…

Como anécdota para finalizar, contaré que la primera vez que vine a Sant Cugat, ya para vivir, al bajar del tren, me sorprendió la limpieza del aire, diciéndole a mi padre que era un “aire raro”, y él me dijo entonces, sonriendo divertido: es aire puro, hija mía, aire sano de los bosques.

Estrella Cardona Gamio, 23 de abril 2017

22 de abril, Día de la Tierra

La representación en Mandala de la Madre Tierra. Cortesía de Leonor Bravo

Hoy es el Día de la Tierra en una conmemoración, que viene siendo anual, y que nos recuerda a todos que vivimos en un planeta al que hay que respetar y cuidar como hacían nuestros antepasados más remotos, cuando la evolución no era retroceso y a la Tierra se la consideraba un ser vivo, la Madre Gaia.

Por ello os obsequio con un fragmento de una de las seis historias que aparecen en mi libro infantil EL ABUELO QUE NO SABÍA EXPLICAR CUENTOS, La leyenda de Hermanita Pequeña.

«Hace muchos años, cuando nadie sabía que la Tierra era redonda, vivía una familia india junto a un río y cerca de una pradera. La familia tenía una canoa en la que el padre iba todos los días de pesca, y una tienda, decorada con pinturas geométricas, que era  su hogar.

La familia india era muy feliz con su tienda, su canoa, viviendo en la pradera y junto al río, hasta que un día, y en aquel tiempo, el Sol se enfadó con los hombres malos, esos que siempre van haciendo lo que no deben y crean tantos problemas, los hombres egoístas, los hombres ambiciosos, los hombres envidiosos, los hombres falsos, los hombres sanguinarios, y decidió que se quedaría por siempre en el cielo, igual que una lámpara, que no habría noche, ni llovería y que la madre Tierra, de jardín, se convertiría en desierto como castigo a tanta sinrazón y a tanta maldad.

La pradera en dónde vivía la familia india se agostó secándose por completo y de verde pronto tuvo el color de la paja, las aguas del río comenzaron a bajar de nivel y finalmente desaparecieron bebidas por la tierra sedienta y ya no hubo comida porque el río se había evaporado y la pradera no podía ofrecer pasto a ningún animal, y no llovió y los árboles en los bosques se murieron y los pájaros sin praderas, sin florestas y sin agua, desaparecieron, y, los hombres malos, también…

Mas os preguntareis, ¿es qué acaso no había hombres buenos en el mundo?… Sí, sí que los había, pero eran muy pocos. Exactamente, sólo, en el mundo entero, existían, que se supiera, siete personas, la familia india que vivía en la pradera, aunque ellos sufrían igual que los demás las consecuencias del castigo del Sol, ¿por qué, si no eran malos?

Sé que parece injusto o no encierra una explicación lógica, pero lo cierto es que sí la tiene, pues, como en todas las cosas, se precisa mucha paciencia para llegar al final.

Un día, el padre habló así a su familia:

—No hay pastos, ni agua, ni árboles, ni animales… El Sol ha castigado a los hombres por sus muchos pecados, pero pronto el Sol se aburrirá de contemplar siempre un mundo sin vida y ya no habrá remedio ni para el Sol ni para la Tierra… Yo os propongo un juego que tal vez devuelva la benevolencia al padre Sol y logre de él nos conceda el perdón…

—¿Qué juego? —quiso saber la esposa.

—Yo seré el Hombre Pradera, me acostaré sobre la árida tierra y me  dormiré y mi sueño se convertirá en verdes pastos, tan extensos que no conocerán límites.

Y así lo hizo, y la hierba verde comenzó a crecer rápidamente avanzando a medida que el sueño del Hombre Pradera se hacía cada vez más y más profundo.

La esposa del Hombre Pradera, dijo entonces a sus hijos, mientras se acercaba al lecho seco del río:

—Yo seré la Mujer Agua. Caminaré sobre el barro polvoriento del cauce y éste se tornará otra vez caudaloso y lleno de peces…

Y así lo hizo y el agua creció en el  río, escoltando el rastro de sus pasos. Fue una lengua de plata con su cortejo de peces que la seguía como la cola de un manto.

El hijo mayor dijo entonces, corriendo por la nueva pradera:

—Yo seré Joven Bisonte y trotaré por los espacios cubiertos llamando a mis hermanos bisontes, aquellos que aún puedan escucharme…

Y así lo hizo y pronto las praderas se llenaron de manadas de bisontes.

El hijo mediano dijo entonces, agitando los brazos como si volara:

—Yo seré Pájaro Volador y volaré  por el cielo del Este, por el cielo del Oeste, por el cielo del Sur, por el cielo del Norte, llamando a mis hermanos pájaros, aquellos que aún puedan escucharme…

Y así lo hizo y pronto los cuatro cielos se llenaron de aves que volaban alegremente.

El hijo tercero dijo entonces, sin moverse un paso del lugar en donde estaba:

—Yo seré Árbol del Bosque y mis brazos alzados se convertirán en ramas que se llenarán de hojas y frutas y servirán de ejemplo a mis hermanos árboles, aquellos que aún puedan escucharme…

Y así lo hizo y pronto los montes de la Tierra se cubrieron de arboleda llena de fresca hojarasca susurrante y jugosas frutas.

La anciana, madre del Hombre Pradera, suegra de la Mujer Agua, abuela de Joven Bisonte, abuela de Pájaro Volador, abuela de Árbol del Bosque y abuela de Hermanita Pequeña, que por serlo, pequeña, nadie tomaba nunca en consideración, dijo entonces:

—Yo seré la Mujer Lluvia, y como soy muy vieja y he llorado mucho, vendrán ahora todas mis lágrimas y regarán la bendita Tierra desde el alba hasta el crepúsculo durante tres días y de esta manera no quedará ni el más pequeño rincón del mundo que no reciba la lluvia y todo volverá a ser como antes…

Y así lo hizo y pronto la Tierra floreció bajo la mirada sorprendida del Sol.

Pero aún quedaba Hermanita Pequeña, esa que, por serlo, pequeña, nadie tomaba nunca en consideración.

Hermanita Pequeña se fue andando por la pradera comiendo la fruta de los árboles, saludando a los pájaros, y, montándose en un bisonte, se acercó al río en cuyas aguas miró su rostro reflejado y se sintió muy triste porque en el mundo entero, lleno de pastos verdes, de ríos llenos de peces, de bisontes, de pájaros, de árboles y de lluvias beneficiosas, sólo había una niña.

Entonces el Sol se compadeció de Hermanita Pequeña y,  multiplicando el reflejo de su carita en las aguas del río, hizo llegar la llamada a los cuatro puntos cardinales y, pronto, surcando los mares, remando contra corriente de todos los ríos, aparecieron muchos niños, aquellos que aún podían escucharla, y entonces Hermanita Pequeña, hija del Hombre Pradera, hija de la Mujer Agua, hermana de Joven Bisonte, hermana de Pájaro Volador, hermana de Árbol del Bosque y nieta de la Mujer Lluvia, ya no volvió a estar sola jamás.

El Sol se fue a dormir porque estaba agotado después de tantos días de vigilia, y la Luna le reemplazó en los cielos. Se hizo de noche por fin y todos descansaron felices.»

Enlaces relacionados:
El abuelo que no sabía explicar cuentos Cuando los árboles eran gente El árbol Será una vez…

Cuando los árboles eran gente

Bosque de Volpelleres. Foto, gentileza de Volpelleres Viu

Hace muchos años vi una película japonesa, cuyo anciano protagonista decía, mientras contemplaba un frondoso bosque, que los árboles “eran gente” y esta denominación me impactó entonces y la consideré muy poética, más, sobre todo cuando se trataba de salvar ese bosque, de impedir que lo talaran.

Un recuerdo antiguo que ha aflorado como nuevo, porque después de tantos años, hoy, contemplando a mi vez el arbolado de un bosque parcialmente condenado a muerte, el bosque de Volpelleres (Sant Cugat del Vallès, Catalunya, España), he pensado yo también que “los árboles son gente”, una gente inmóvil y muda que no habla como nosotros, pero que siente y puede sufrir, en silencio, desde luego, las arbitrariedades humanas.

En la antigüedad, en la cual se convivía mucho más con la Naturaleza que ahora, los ciudadanos de entonces, igual que los pocos pueblos primitivos que aún subsisten, respetaban los bosques, la Naturaleza, aunque convivieran con ella, tal vez supersticiosamente la adorasen, pero ese temor religioso, por paganos que fueran, salvaba su entorno. Así, en la antigua Grecia, cuna de nuestra cultura mediterránea, su manera de salvar los bosques consistió en decir que en los árboles habitaban ninfas que eran al mismo tiempo sus protectoras y guardianas. Éstas ninfas se llamaban Dríadas y Hamadríadas y vivían vinculadas al árbol, muriendo las segundas si el árbol era cortado, y sólo escapando las Dríadas de ese destino, si se casaban con un humano.

Bonita leyenda, ¿verdad?, lástima que sólo sea eso, una leyenda.

Estrella Cardona Gamio, 18 de abril 2017

A continuación, os ofrezco la lectura de dos de mis relatos publicados ya hace años y cuya temática es totalmente ecologista, Será una vez… y El árbol, este último dedicado a mi madre gran amante de las plantas.

 

El abuelo que no sabía explicar cuentos, mi primer libro infantil publicado en papel

EL ABUELO QUE NO SABÍA EXPLICAR CUENTOS

Este título se corresponde a un libro de cuentos infantiles que escribí hace algunos años participando en un concurso, el cuento no fue premiado pero quedó finalista y mucho tiempo después me decidí a editarlo en papel.

Este pequeño libro ha sido leído por muchos padres a sus hijos, y las criaturas, el mejor de los jurados, se han mostrado entusiasmadas. Tal aceptación me llena de alegría porque los niños no se dejan llevar por modas y aceptan lo que les gusta de manera rápida y entusiasta. ¡Gracias amiguitos!

Hoy, a mayor alcance de lectores, AMAZON os lo ofrece en tapa blanda con el precio que le corresponde como libro físico, y con la garantía de llevarlo al domicilio de quien lo haya encargado. Rápido y eficiente servicio.

¿De qué va el cuento?, muy sencillo, son 6 relatos que narran otras tantas historias siempre unidas por un denominador común, el regreso de un abuelo al País de la Infancia en el que estuvo cuando era niño, porque el pobre abuelito ha olvidado los cuentos que le contaron cuando era pequeño y quiere recordarlos para explicárselos a sus nietos.

Pero el abuelo dejó de ser un niño hace mucho tiempo y recordar no puede ser para él una tarea sencilla. Empieza a andar y vuelve a la infancia, a una infancia que ya había dejado muy lejos olvidada.

Os invito a que le acompañéis en su largo viaje porque este es un cuento para niños que también pueden leer los mayores, tengan o no auditorio infantil.

Estrella Cardona Gamio, abril 2017

Enlaces relacionados:
ccgediciones.com Amazon.es ReadOnTime

Carta a Charo cumple 20 años

Con el año nuevo quiero contaros una pequeña historia que nació hace hoy exactamente 20 años. Tal día, más o menos a esta misma hora, empecé a escribir CARTA A CHARO, que en su inicio no iba a pasar de ser un relato muy corto, la primera carta y nada más, pero al terminarla se me ocurrió añadirle aquello de “no se lo digas a Antonio”, y entonces pensé que no podía quedarse así, que debía continuar, la verdad es que tenía mucha curiosidad por saber qué es lo que la protagonista no quería que Charo le dijese a su marido.

Parece una tontería, ¿verdad?, la escritora curioseando en la vida privada de sus personajes, pero así suele pasar, y así  se desarrolló esta novela, con la particularidad de que cada carta está  redactada el mismo día de la fecha que aparezca en la misiva. Intervalos irregulares de tiempo entre unas y otras y la última también escrita en su día con la fecha, como todas las demás. Fueron varios meses y os aseguro que me divertí mucho  haciéndolo. El personaje de Charo me  enamoró desde que aparece respondiendo, porque sin Charo no habría novela, o sea que le debo mucho, es una mujer tan viva que se escapa de la letra impresa y en la acertada opinión de un lector, “¡es todo un hallazgo!”

En fin, esta es mi pequeña historia de aniversario para celebrar el cumpleaños de CARTA A CHARO,  ahora también en inglés, LETTER TO CHARO, traducida por Olga Núñez Miret.

Louise May Alcott

Coincidiendo con que en Argentina se ha publicado ahora la novela Mujercitas en su versión original, sin recortes, aprovecho para ilustraros con la biografía de su autora que escribí en el año 2004.

Louise May Alcott vino a este mundo el 29 de noviembre de 1832 en Germantown, Philadelphia, segundogénita de las cuatro hijas que tuvo el matrimonio formado por Bronson y Abigail Alcott.

Louise residió poco tiempo en su lugar natal ya que a muy temprana edad toda la familia se trasladó primero a Boston, y luego a Concord, dos puntos en donde la futura escritora viviría a lo largo de su existencia con escasas salidas al exterior.

El ambiente familiar pesó en ella de una manera aplastante condicionando su vida y su obra posteriormente; para empezar fue educada por su padre que pertenecía a la congregación de la Nueva Inglaterra Trascendentalista, y, además era una persona por completo desvinculada de las necesidades materiales de la existencia, es decir un utópico soñador, aunque en su momento, llegó a tener cierto renombre como filósofo y educador, tal vez al rodearse de quienes lo eran verdaderamente como Thoreau y Emerson.

Louise May Alcott comenzó a escribir a muy temprana edad, iniciándose con su diario; Goethe y las hermanas Brontë serían posteriormente sus guías literarios.

Su primera obra, publicada a los 22 años, fue un librito de cuentos, dedicado a la hija de Ralph Waldo Emerson, Ellen.

El hecho de que su padre fuese un eterno soñador, la impulsó a tomar las riendas del hogar junto con su madre, después del fiasco del último negocio del señor Alcott.

Por aquellas fechas regresaron de nuevo a Boston, y Louise trabajó como sirvienta, como profesora y en cuanto le salió que pudiera aportar ingresos a su familia, experiencias que más tarde plasmaría en otro libro, 1873, pero antes ya había empezado su colaboración en publicaciones impresas.

Al estallar la famosa Guerra de Secesión americana fue enfermera voluntaria en un hospital de Georgetown, contrayendo más tarde las fiebres tifoideas de las que se resentiría el resto de su vida.

Tales vivencias la llevarían a escribir sobre lo que vio, que no era precisamente almibarado, en una colección de cartas a su familia, que, bajo el título Apuntes del hospital, llegarían a verse editadas.

Su primera novela se publicó en 1867, pero un año antes había escrito un cuento, Larga y fatal persecución del amor, que si bien saldría en una revista, no publicaríase en un libro hasta… ¡1995!

Finalmente surgió Mujercitas, que paralela a su argumento es casi la autobiografía de Louise, al tener un comienzo marcado por su padre quien prácticamente, la obligó a escribirlo ante la sugerencia de un editor amigo, quien suponía que una “historia de muchachas”, podría ser del agrado de los lectores.

Al respecto se cuentan muchas anécdotas, como por ejemplo que su padre quiso que mostrase la historia de una ejemplar familia americana, eso por un lado, por otro, que la penuria económica la forzó hacerlo aunque no tenía ninguna fe en lo que estaba escribiendo, que para ello se basó en sus recuerdos de infancia y adolescencia, que la novela fue mutilada por sus editores hasta convertirla en la edulcorada versión que todos hemos leído, que no obstante escribirla muy en contra de su voluntad se hallaba destinada a obtener un éxito clamoroso entonces…, y que continúa ahora.

Mujercitas fue el best seller de la época y el editor Thomas Niles, un avispado hombre de negocios, le propuso una segunda parte que se titularía Aquellas mujercitas, y aún hubieron más secuelas, entre ellas Hombrecitos y etc.

Se ha dicho que Jo es el retrato de su autora, plenamente identificado con ella menos en el matrimonio; Jo se casa pero no así Louise, de quien se ignoran amores al hallarse dedicada a la literatura juvenil y a su familia, a los que atendió hasta el final; la muerte de su madre, años antes que la de su progenitor, la marcó hondamente, y a esto hay que añadir el hecho de que su hermana pequeña May falleciese también dejándola al cuidado de su hijita..

Sin embargo, existió una segunda Louise May Alcott, que, como Jo, escribió con seudónimo, en su caso el de M.A. Barnard, toda una colección de historias, novelas y relatos en los cuales el adulterio, el incesto y las más intensas pasiones tenían cabida, no faltando truculencia y folletín en ellas.

Esta otra Louise May Alcott nada tenía que ver con la controlada y “políticamente correcta” autora a la fuerza, de Mujercitas, y así llegó hasta el final de sus días, escindida en dos personalidades muy diferentes, dándose la curiosa circunstancia de que la novelista murió en el mes de junio de 1888, el día en que Bronson Alcott recibió sepultura.

De lo que no cabe ninguna duda es que la criticada Mujercitas, criticada en su versión de censura, ha dado impulso y ánimo a muchas escritoras en ciernes que luego devinieron conocidas, como, por ejemplo, Simone de Beauvoir entre otras.

Louise May Alcott escribió 300 libros, unos con seudónimo, otros con su nombre, y también dos obras suyas de singular contenido Un moderno Mefistófeles y Un susurro en la oscuridad, serían publicadas póstumamente.

Dada la temática de muchas de sus novelas en las que se menciona un amor seductor y fatal, casi perverso, cabría preguntarse hasta que punto Louise May Alcott desconoció la pasión amorosa.

© 2004 Estrella Cardona Gamio

 

Biografía publicada en ccgediciones.com

Taller libre de literatura

tallerlibredeliteraturaTALLER LIBRE DE LITERATURA nació prácticamente a petición del publico lector, a través de sus preguntas y tuvo un éxito fulminante, éxito que me animó a convertirlo en libro.

Un libro que me ha dado grandes satisfacciones por conducto de las cartas de agradecimiento de sus lectores, así pues, una vez más lo menciono en plan publicitario para que pueda servir de ayuda a cuantos necesiten adentrarse en el mundillo de la literatura escrita, con la seguridad de que será muy bien acogido.


Enlace relacionado: Taller libre de literatura: Respuestas a preguntas de escritores noveles

Una palabra que lo dice todo

In Memoriam. Hoy nuestra madre habría cumplido 104 años.

Tal vez sea la palabra más utilizada en todos los idiomas, la más repetida, ya que a diario la podemos pronunciar todos millones de veces; mamá.

Y, es curioso, pero mamá encierra para cada uno de nosotros su propio y muy personal significado; tiene un rostro, y una personalidad, única y exclusiva, es como una verdad que poseyera mil rostros diferentes pero siempre fuese la misma, y eso, que para otras cosas puede resultar hasta imposible, en su caso es perfectamente viable.

Para mi hermana y para mí, nuestra madre era simplemente mamá y aunque oyéramos a otras hijas mencionar a su madre, la nuestra era la nuestra y no había discusión: mamá era mamá.

Mamà
Mamà. Foto del álbum familiar de las hermanas Cardona Gamio.

Mamá nació en 1912, un año muy significativo entonces y más todavía ahora que celebra su centenario con la amenaza del fin del mundo para el próximo mes de diciembre, según la profecía maya. Pero hay más.

Mamá nació el 22 de abril, un mes lleno de efemérides sonadas de imborrable recuerdo, la del hundimiento del Titanic es una de ellas, el 15 de abril, la otra el fallecimiento de Bram Stoker el 20 de abril del mismo año.

Casualidades, sin duda alguna pero sonadas. La gente desconocida puede nacer entre fechas célebres, o alrededor de ellas y las efemérides marcan esos eventos mientras que la existencia del ciudadano se desliza como una sombra furtiva entre ellos. Son vidas reales pero como nadie sabe de ellas es igual que si nunca hubieran sido, y cuando la persona desaparece es lo mismo como si jamás hubiera estado, menos para los suyos, que aún conservan sus recuerdos, sus pequeñas obras, en el caso de mamá, labores de costura, de punto y de ganchillo que acompañan como una presencia muda llena de imágenes desvanecidas, de fechas señaladas o no, de días que se fueron para no volver.

(Buscando efemérides destacadas sobre el día 22 de abril, concretamente buscando a personas que hubieran nacido ese mismo día encontré la de Henry Fielding, 22.4.1707, y la de María Zambrano 22.4.1904, pero lo sorprendente fue hallar el nombre de Kathleen Ferrier, nacida el 22 de abril de 1912, una famosa contralto británica que se casó, igual que mamá, el mismo año que ella, y como se adjuntaba fotografía descubrí con sorpresa un razonable parecido físico entre ambas. Mamá también tenía una voz muy bonita cantando y le gustaba mucho la música, pero en todos estos paralelismos acaba el parecido; Ferrier nunca tuvo hijos y murió muy joven a los 41 años).

A mamá le atraía, le fascinaba y le aterrorizaba el mar, no la playa, sino el mar, alta mar, sobre todo cuando oía hablar de naufragios, y en ocasiones, bromeando, decía que ella debía ser la reencarnación de una de las víctimas del Titanic, pero lo decía como el que juega, sin auténtico convencimiento, más bien era una fantasía. Mamá tenía imaginación pero nunca escribió ninguna novela, mamá creía en Dios pero no era religiosa al uso. Bodas, bautizos, comuniones y entierros constituían sus únicas visitas a la iglesia, sin embargo, por paradójico que resulte, profesaba una gran devoción a la Virgen del Perpetuo Socorro, lámina grande enmarcada a la que ella le ponía siempre flores, eso sin olvidar a San Martín de Porres, cuya imagen no faltaba en su mesilla de noche.

Me gustaría contar una anécdota que tal vez pueda describir su forma de ser en cuestión de creencias, no para que alguien la comprenda ya que a nadie ha de rendir cuentas de su forma de ser, sino para que se sepa como era.

Años después de que falleciera papá, un domingo que fuimos de excursión a la montaña con varios amigos, a un bosque muy característico de Catalunya y cuyo nombre no recuerdo ahora. Luego de comer, mesa y taburetes de campo, una pequeña mariposa azul, vino revoloteando hasta posarse en la mano de mamá, y allí se quedó sobre su dedo índice batiendo suavemente las alas muy tranquila y sin intención de marcharse. Todos contemplábamos la escena sorprendidos y mamá como fascinada, de pronto mamá dijo: es el alma de mi marido que ha venido a estar con nosotras, y al cabo de cinco minutos, la mariposita alzó el vuelo y desapareció.

Ya sé que para muchos esta anécdota puede resultar intrascendente o tonta, una reflexión vacía de sentido, pero yo la encuentro muy poética y ya entonces me hizo pensar en aquellas creencias paganas que representaban el alma bajo el aspecto de una mariposa. Yo lo sabía pero mamá no y encontré curioso el hecho de la comparación. Una breve mariposita azul que ascendió entre los árboles de tronco delgado y altas copas de verde oscuridad.

Nuestros amigos, muy bien educados ellos, pusieron cara de circunstancias pero no se rieron e incluso siguieron el vuelo errático de la mariposa hasta que se perdió de vista, algo tan pequeño y tan frágil a merced del picotazo de cualquier ave, una pequeña alma azul que volaba hacia la luz del sol, aquellos famosos rayos de los cuadros que parecen escaleras hacia el cielo.

Hoy se cumple el centenario de su nacimiento dentro de un año cuajado de incógnitas y, según los mayas, decisivo, no podía ser menos tratándose de mamá.

© 2012 Estrella Cardona Gamio

 

Publicado en ccgediciones.com el 22 de abril de 2012

Dos genios de la literatura

Conmemorando el 400 aniversario del fallecimiento de los ilustres autores, Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes Saavedra, fue de origen gallego, naciendo en Alcalá de Henares hijo de Rodrigo Cervantes y de Leonor de Cortinas, se supone que el 29 de septiembre del año 1547 —porque era y a veces aún es costumbre, imponer el santo del día al recién nacido—, bautizándosele el 9 de octubre del mismo año en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares.

De buena familia, su abuelo paterno era licenciado y abogado de la Inquisición, el pequeño Miguel a la edad de cuatro años cambió de residencia junto con sus padres y hermanos, ya que todos se trasladaron a Valladolid en donde les fue tan mal, con el encarcelamiento del padre por deudas, que vivieron posteriormente en Córdoba y Sevilla hasta que, en 1566, se aposentaron en Madrid.

En Madrid, Cervantes cursó estudios que todavía en la actualidad se ignora si fueron universitarios, lo que se sabe, es que tuvo por profesor al catedrático de gramática Juan López de Hoyos.

Pero no todo era cultura en la vida de Cervantes, ya que en 1569 se le quiso prender por orden real acusado de un duelo contra un cortesano distinguido, condenándosele por dicho encuentro, a que se le fuese cercenada la mano derecha y al destierro. Sentencia que afortunadamente no se cumplió ya que Cervantes se hallaba en Roma por aquellas fechas, precisamente en busca de protectores a causa del lance.

Solventado este peliagudo asunto, Cervantes se enrola, el año 1571, en el ejército y más tarde lo hace en la armada en una de las galeras que manda el marqués de Santa Cruz.

La batalla de Lepanto tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 y en ella ya es sabido que participó Miguel de Cervantes con un gran heroísmo pues hallándose enfermo con fiebre, desestimó el consejo de no pelear prefiriendo entrar en combate y morir gloriosamente, a quedarse a salvo bajo cubierta de la nave Marquesa.

De resultas de su intervención en la contienda fue herido en el pecho de un arcabuzazo y en la mano izquierda, premiado su arrojo, por don Juan de Austria, con un incremento en su soldada —para ser sinceros, mínimo.

De resultas de esta batalla, Cervantes quedó con su mano inutilizada de por vida aunque no la perdiera como afirma la leyenda. No obstante continuó con su existencia de marino castrense y regresaba a España el 26 de septiembre de 1575, cuando, próximo a las costas catalanas cayó preso, junto con su hermano Rodrigo que también era soldado, de un temible corsario, jefe de una flotilla turca.

En el mercado de Argel, Cervantes fue vendido en calidad de esclavo a otro corsario, permaneciendo prisionero en esas tierras durante cinco años.

En enero de 1576, Miguel de Cervantes y otros cautivos entre los que estaba su hermano, realizan un intento de fuga fallido.

Sus padres intentan rescatarlos empeñándose con usureros, sin embargo, lo único que consiguen reunir sólo basta para uno y Cervantes renuncia a su libertad por la de su hermano. Pero entre ambos habían ideado ya un plan que permitiría escapar posteriormente a Miguel y a catorce o quince cautivos más.

Nuevamente falla el proyecto y Cervantes es otra vez recluido en prisión.

En marzo de 1578 intenta de otra vez escapar, con los mismos resultados y en mayo de 1580 tiene lugar el cuarto y último intento de huída frustrado.

Finalmente es obtenido su rescate el 19 de septiembre de 1580, gracias a la intervención de los frailes trinitarios recolectando éstos, de los mercaderes cristianos, el dinero necesario que les faltaba; se pedían 500 escudos por Cervantes y su familia sólo había podido reunir 300.

Regresó, pues, Cervantes a España ya con 33 años, llegando a Madrid en donde el panorama familiar no podía ser más desolador: su padre anciano y sordo y la familia prácticamente arruinada a causa del rescate de los dos hermanos, conque marchó a Portugal en mayo de 1581 en donde estaba la corte española y se le encomendó una misión en Orán.

Después de esto, Miguel intenta por todos los medios conseguir un destino en América, que no obtiene al no haber vacantes, o al menos esa es la excusa que se le da.

En febrero de 1582 comienza a escribir la novela pastoril La Galatea. De 1582 a 1583 tiene amores con una mujer casada y una hija con ella de nombre Isabel de Saavedra.

En 1584 entra en contacto con un editor de la época, conocido como mercader de libros, Blas de Robles, que por 1336 reales imprime La Galatea, y ese mismo año contrae matrimonio con Catalina de Salazar y Palacios que reside en Esquivias.

En 1585 ve publicada La Galatea y desde este año hasta 1605 que es cuando Juan de la Cuesta imprime en Madrid, Don Quijote de la Mancha, malviven Miguel de Cervantes y su familia entre los variados, y no muy afortunados, trabajos de éste, que en un par de ocasiones le llevaron a la cárcel, y no por delito propio ya que finalmente resplandeció su inocencia.

En aquella época viajó bastante, primero por Andalucía y luego fijando su residencia en Sevilla y más tarde en Valladolid.

El Quijote, contra todo pronóstico, tuvo un gran éxito convirtiéndose en el best-séller del momento, hasta el punto que en las fiestas que se celebraron en Valladolid en honor del recién nacido príncipe que luego sería Felipe IV, se representaron entremeses en los que salían don Quijote y Sancho.

Trasladándose la corte en 1606 a Madrid, Cervantes la sigue, escoltado por su familia —todo mujeres entre esposa, hermanas, sobrina e hija natural, recogida por él al quedar huérfana de madre.

En estos años madrileños se casa su hija Isabel, le hace abuelo, enviuda, vuelve a contraer nupcias, y mueren dos hermanas del escritor.

En 1610, de junio a septiembre, se traslada él solo a Barcelona para conseguir integrarse en la corte del virrey de Nápoles, el conde de Lemos, en donde eran muy apreciados los escritores, pero se le hicieron promesas que luego no se concretaron.

Cervantes sigue escribiendo y ahí tenemos entre 1613 y 1617 sus Novelas Ejemplares, Viaje al Parnaso, la parte segunda del Quijote —motivada por el apócrifo Quijote de Avellaneda—, Comedias y entremeses y su obra póstuma —hay quien asegura que mucho mejor que Don Quijote—, Los trabajos de Persiles y Segismunda.

Enfermo de muerte, pero con gran lucidez mental, aún dedica Los trabajos… al conde de Lemos, y concluye el prólogo del mismo libro.

Y el año 1616, el 22 de abril, fallece Miguel de Cervantes, confortado por su esposa y una sobrina, después de larga y azarosa existencia.

(A señalar una curiosa anécdota que llena de confusión la fecha del óbito de Cervantes, al incurrirse en el error de creer que falleció el 23, fecha ésta en la que se afirma que murió William Shackespeare —porque también se dice que lo hizo el 24—. Lo singular del caso es que, día más arriba, día más abajo, ambos ilustres autores dejaron este mundo el mismo mes y año).

Miguel de Cervantes Saavedra murió en la más absoluta pobreza, y de su entierro, amortajado el cuerpo con hábito franciscano, fue responsable la Venerable Orden Tercera, enterrándoselo en el Convento de las Trinitarias Descalzas.

De Don Quijote de la Mancha se han realizado numerosas traducciones desde su primera publicación, eso ya es sabido, traducciones en todos los idiomas pero la que en el momento de escribir estas líneas —septiembre del 2002—, podríamos decir que es la última, pertenece a Josep Maria Casasayas, abogado mallorquín, que a lo largo de cuarenta años ha estado traduciendo el Quijote al catalán mallorquín y sus diversos dialectos, variando también el escenario de la Mancha por las islas Baleares, lo que no ha sufrido transformación, como es lógico, es el argumento ni los nombres de los personajes.

Hazaña quijotesca en verdad y muy digna de alabanza, que ya requería se cristalizara en la traducción íntegra al catalán de esta obra universal, con cuyo comienzo cerramos la presente mini biografía:

“A un llogaret de la Manxa, del nom del qual no vui recordar-me, no hi fa gaire que hi vivia un cavaller d’aquells de llança a la llancera, darga del temps del avis, cavall magre i cussa eivissenca. L’olla més plena de vaca que de mè, carn picada quasi cada vespre, greixonera de peu de porc els dissabtes, llenties els divendres…”

© 2002 Estrella Cardona Gamio

 

William Shakespeare

William Shakespeare nació el 23 de abril de 1564 en Stratford-upon-Avon, Inglaterra, siendo el tercer hijo de los ocho que tuvieron sus padres Mary y John.

De Shakespeare, dado que de siempre se ha tenido por norma envolver su existencia en las brumas del misterio (desde llegar a decirse que tal nombre era el seudónimo de otros a soltar el disparate de que en realidad se llamaba Guillermo Sánchez Pérez y era, lógicamente, de origen español, disparate al que ha venido a unirse el último, que adjudica a Shakespeare la nacionalidad italiana), de ese genial bardo del Avon, del cual nos confesamos impenitentes admiradoras, se sabe lo suficiente, además, existen retratos en los que el parecido continúa a través de los años confirmando el hecho de su existencia en una Inglaterra Isabelina en la cual vino a este mundo.

Shakespeare tuvo una infancia a la que no podemos llamar infeliz precisamente, ya que su padre, comerciante, era persona acomodada, y así el niño William pudo ir a la escuela estudiando latín y a los clásicos.

Enseñanzas que le impulsarían a escribir versos y, mucho más tarde, obras teatrales, aunque antes tenían que acontecer otros hechos en su vida, bastante decisivos para él, por ejemplo, el contraer matrimonio muy joven, a los 18 años, con una mujer de 26 que iba para solterona, Anne Hathaway, y con la cual tuvo tres hijos.

Arribados a este punto hemos de puntualizar que si Shakespeare se casó, siendo menor de edad, lo hizo ya que había dejado embarazada a su novia, y en un delicado momento familiar puesto que a su padre le empezaban a ir mal los asuntos.

Lo que significa que semejante boda escasa dicha tuvo que darle a su progenitor, de quien William era dependiente económico al colaborar en el negocio paterno, una guantería, ya que el joven aportaba nuera y futuro nieto al clan familiar, ahora en precaria situación.

A los seis meses, nace su hija Susana y dos años más tarde, Anne da a luz a los gemelos Hamnet y Judith.

Pero a Shakespeare no le atrae demasiado la vida hogareña, y un buen día, nada venturoso para quienes deja atrás, el futuro autor teatral se marcha a Londres dispuesto a hacer fortuna como escritor.

Se ha dicho también de William Shakespeare que era homosexual, tal vez ello tuviese que ver con su abandono repentino de mujer e hijos, tomando por excusa una carrera literaria incomprendida; sin meternos en este aspecto de su personalidad ya que no es de nuestra incumbencia, podríamos suponer que el dramaturgo en ciernes sentíase ahogado por una existencia monótona y aburrida que fue la que le hizo despegar del pueblo a la gran ciudad de entonces que era Londres, sin lugar a dudas, la capital del mundo de su época, ya que Gran Bretaña se estaba haciendo con una supremacía que hasta muy poco tiempo había ostentado el imperio español.

En la capital inglesa, Shakespeare entra a trabajar como actor en una compóañía teatral llamada de la Reina, ya que ésta protegía las artes, tanto para ganarse el sustento como para aprender, desde dentro, el oficio, y durante varios años trabaja incansable actuando y escribiendo, hasta que finalmente comienza a despuntar y a ser conocido.

En 1592, se declara una terrible epidemia de peste en Londres y se cierran los teatros. Durante dos años, entonces, mal vive, en plan escénico, como todos, pero escribe, entre otras, La comedia de las equivocaciones y Trabajos de amor perdidos, asimismo regresa al campo, esporádicamente, con su esposa e hijos y demás familia, aunque esto no significa que no hubiese tenido relación con ellos en cinco años.

Vuelve, ayuda a su padre que de nuevo se halla apurado económicamente, ya que él es ahora un autor cotizado, y se busca mecenas en la figura del conde de Southampton, lo que más tarde dará lugar a entredichos y especulaciones sobre la relación que les unió, cuando que en aquella época el mecenazgo constituía una necesidad obligada si se quería sobrevivir en el ambiente artístico.

Después de la peste, corrieron malos tiempos para las compañías teatrales, se hundieron bastantes arruinadas siendo la de la Reina una de ellas, y entre las que no desaparecieron, estaba la del Chambelán, así llamada por patrocinarla lord Hunsdon, camarlengo mayor de la corte y el encargado de los asuntos teatrales; huelga decir que Shakespeare ingresó en esta compañía.

A los 30 años, pues, William Shakespeare se encuentra a punto de dar por concluida la primera etapa de su carrera, iniciando la segunda que iba a estar jalonada de obras inmortales: Romeo y Julieta, Ricardo II, El sueño de una noche de Verano, El mercader de Venecia y un larguísimo y brillante etc., de todos más que sabido.

Al éxito acompaña la prosperidad y en 1597, se compra una casa, New Place en su pueblo natal, pero en su vida familiar atraviesa unos momentos ingratos: muere su único hijo varón, Hamnet, a los 9 años de edad, cinco más tarde, su padre y más o menos en aquella época, la revolución encabezada por el conde de Essex contra la reina, enreda de forma indirecta a la Compañía del Chambelán, que finalmente se ve absuelta de los cargos, ya que se prueba su inocencia.

En 1603 sube al trono Jacobo I tras la muerte de la Reina Virgen, y la Compañía del Chambelán cambia su nombre por el de los Hombres del Rey.

Colmado de honores, respetado y aclamado, William Shakespeare, ve discurrir su vida hasta el final: casa a su hija Susana, resulta inmune a otra epidemia de peste, la del año 1609, y en 1616, habiendo casado en febrero a su otra hija Judith, fallece Shakespeare en Stratford-upon-Avon, a los 52 años de edad al parecer de unas fiebres, según unos, según otros de una pulmonía, y, o el mismo día de su cumpleaños, o al siguiente.

Anne Hathaway, la viuda, le sobrevivió.

No podemos asegurar que William Shakespeare fuese un marido modelo, pero tampoco que se despreocupara de su familia yendo de tanto en tanto a verles. En realidad, solo permaneció alejado de ellos el tiempo que duraron sus primeros años en la capital trabajando como actor y autor teatral, pero después, cuando comienza a convertirse en un dramaturgo famoso, vuelve la espalda a Londres, y es en Stratford-upon-Avon en donde reside hasta el final de su existencia.

© 2000 Estrella Cardona Gamio

 

Ambas biografías publicadas en ccgediciones.com

El lobo en la literatura

El domingo 13 de marzo la prensa se ha hecho eco de una gran manifestación en Madrid contraria al exterminio sistemático del lobo que hace ya tiempo se está llevando en el país. El cuento del lobo feroz aún perdura en nuestro subconsciente y su mala prensa también, pero, ¿es razonable esa batalla?

Lástima que ya no esté entre nosotros Rodríguez de La Fuente.

Hay mucho que hablar sobre el lobo, en su defensa quiero decir, no justificándole sino diciendo la verdad, el lobo no es una bestia sedienta de sangre, pero necesita comer igual que nosotros, y podría hacerlo si los cazadores no diezmaran los bosques dejándole sin su alimento natural.

Entre sus muchos detractores nos encontramos con un sector de la literatura que siempre le ha hecho mala publicidad pintándole como a un monstruo sediento de sangre y el ejemplo más flagrante lo tenemos en Caperucita Roja.

De pequeña lloraba cuando llegaba al final de la historia, hasta que descubrí la versión de los hermanos Grimm, en la que se cambia un final cruel por otro que no lo es menos.

Sí, lo reconozco, yo pasé mi infancia en el culto al miedo que inspiraba el terrible lobo devorador de niñas, y como yo muchas criaturas, fue nuestro caldo de cultivo en contra del lobo.

Años después descubrí otra versión que me llenó de sorpresa y fue cuando leí El libro de la selva de Rudyard Kipling, en donde Mowgli es todo lo contrario de Caperucita Roja, o sea el niño al que salvan protegen y alimentan los lobos convirtiéndole en uno más de la manada al ser adoptado por ellos, Claro, se dirán muchos, literatura, pues no señores, no, de literatura nada. En España, salió en televisión un caso, de esto no hace muchos años, en el que un señor contaba su propia experiencia personal: vendido por su padre a los 7 años. Se escapó del hombre que le hacía trabajar, huyendo al monte en el que vivían los lobos… quienes le acogieron como uno más compartiendo con él su comida y protegiéndole. A este señor que no le hablen mal de los lobos.

Esta historia demuestra como el lobo no es la bestia ávida de sangre que siempre nos han hecho creer.

Y siguiendo con la literatura os recuerdo que Rubén Darío, escribió un bellísimo poema, Los motivos del lobo, en él Francisco de Asís y el Lobo de Gubbia, un clásico lobo feroz, tienen un encuentro memorable y digno de ser leído por lo que revela en una sorprendente moraleja.

No puedo concluir estas líneas sin hacer otra mención a Félix Rodríguez de La Fuente cuyas hijas crecieron prácticamente en compañía de lobos demostrando con ello lo que nadie hasta entonces hubiera creído posible.